Medal of Honor: Allied Assault, por Dremin.
Creía
que el Half Life no iba a ser superado tan pronto por un shooter. Pero tras ver
el Medal of Honor la cosa ha cambiado.
¿Que
necesita un juego para ser bueno? Jugabilidad, entretenimiento, argumento,
transcurso de las cosas, que te meta en el papel, que no aburra ni sea
repetitivo... ¿y porque no decirlo? Gráficos, sonido, al fin y al cabo es lo
que nos une con el juego.
El
Medal of Honor tiene todo eso mencionado anteriormente, ¿qué le falta? Lo
tiene todo.
¿Qué
decir de un juegazo como este? He jugado al Operation Flash point, al project
IGI... tiros y más tiros, que si, que juegas en la guerra, haces misiones,
tienen
buenos gráficos y sonido en alguno de ellos. Pero no te meten en la
guerra, no te envuelven en un mundo, no sientes las balas, el miedo, la
angustia, no te sientes realizado al conseguir al limite de la muerte una misión
que tanto te ha costado, no hace que agaches la cabeza pensando que te puede dar
una bala, no respiras despacio para que no te oigan los enemigos, no te acelera
el corazón al entrar en una situación límite. Todo esto te lo hace el Medal
Of Honor.
Las
pantallas me gustan tanto que repito una y otra vez la misma misión aunque me
la pase, por gusto, las repites por que te ha encantado en ambiente, te
envuelve, te pone en situaciones que otros juegos aun del mismo estilo no lo
consiguen. Pocos son los juegos en los que repitas una pantalla por gusto,
normalmente si son difíciles una vez pasadas dices: “ufff” y no quieres
volver a saber nada de eso que tanto te ha costado, en este mueras o ganes, te
encanta hasta ver como te han matado, con que estilo, ese francotirador al que
creías muerto...
Ninguno
de nosotros ha estado en el desembarco de Normandía, ninguno de nosotros sabrá
nunca lo que se te puede pasar por la cabeza realmente en la playa de Omaha,
pero con este juego podemos sentir el miedo, la angustia, las prisas que sentían
los soldados esquivando las balas, cubriéndose de las ametralladoras, viendo
explotar a sus compañeros a pocos metros, cubiertote tras amasijos de hierro
escuchando el sonido de las balas golpeando dichos metales salpicando chispas
sobre tu rostro, con la tierra saltando a tu izquierda y derecha producto de las
explosiones, escuchando los gritos y los disparos de todos los soldados,
recogiendo los cargadores de tus compañeros muertos... No te da la sensación
de ser el centro del juego, te hace pensar que eres uno más, los enemigos no
parecen decir “mira, ahí está el player nº1, a por el” no, tu estas ahí
como todos, te atacan como a cualquier otro. Y aunque realmente no sea así, te
intenta dar esas sensación, cosa que pocos juegos consiguen.
El cielo está nublado, ahora te encuentras en un edificio medio derruido en mitad de un pueblo hecho escombros, todo se ve gris, llueve, solo oyes el sonido de la lluvia y los truenos que forman una bélica música de fondo junto con el sonido de las bombas lejanas, y algunos que otros disparos de ametralladoras. Te encuentras agachado al lado de una ventana, con la espalada apoyada en la pared, esta todo bastante oscuro y gris por la tormenta, los relámpagos iluminan por un segundo las calles con un flash de luz blanca, dibujando con dicha luz que entra por tu ventan la figura de esta y sus barrotes en el suelo.
Sabes
que hay francotiradores enemigos al igual que tu escondidos en los edificios
colindantes, pero no sabes en cuales ni donde, te asomas lentamente y con la
mirilla vas rastreando cada rincón, cada forma y figura de entre los escombros
del edificio de en frente. El viento sopla, las ventanas de las casas a las
cuales miras con cautela, se mueven y golpean, exaltándote. El más mínimo
movimiento te pone en alerta, el miedo te entra en el cuerpo, la angustia,
puedes estar diez minutos intentando ver a un francotirador y no lo consigues,
sabes que si asomas, rápidamente verás respuesta de sus rifles descubriendo su
posición, con lo cual pasas rápidamente por la ventana y te pones a cubierto,
la bala del enemigo te pasa silbando cerca del oído, has visto su fogonazo,
sabes en que edificio está pero cambia de posición y no lo viste claro, pero
ahora ya sabes donde puede más o menos está, Cargas tu Sniper, tomas aire y te
asomas por ese rinconcito que hay en la raja de la pared, inspeccionas cada milímetro
del edificio de en frente. Un flash de relámpago ilumina por un segundo la
fachada, y viste una silueta, ¡le ves!, el te ve, disparas nervioso, no le das,
el te dispara, te da en el brazo, todo esto en apenas dos segundos, corriendo
apuntas con la mirilla a su rostro, el está cargando la siguiente bala al igual
que tu, das al disparo con angustia, rápida y repetitivamente, aun cargas la
bala, temes que el lo haga antes, das una y otra vez al disparo temiéndote lo
peor y de pronto ¡bang! Su cabeza es impulsada hacia detrás. Lo mataste, uno
menos, vas al siguiente edificio arrastrándote entre las piedras del suelo, a
por el siguiente, que no sabes ni donde puede estar.
Todo
eso si no mencionamos la maravillosa sensación de tiroteos entre todos, el
manejo del tanque, disparando contra los edificios y viendo sus muros ceder a
los cañonazos, destrozando los poblados. O las misiones de espionaje y de robar
documentos...
Estamos
ante uno de los grandes.
Dremin 2002
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