Nos educan para ser
insensibles.
Dremin
Pues es que estaba hoy a la hora de comer, viendo las noticias, y pusieron la catástrofe esta de la colisión entre los dos aviones, tranquilamente mirábamos a la televisión, viendo las noticias, viendo familias destrozadas por el dolor de perder a sus seres queridos, inundados en un llanto sin fuerza, apagado por el dolor provocado, los restos de lo que fueron dos aviones, la reproducción por ordenador de lo que fue el accidente, mientras nos imaginamos la colisión y el destrozo de las personas que se encontraban dentro a la vez que comemos nuestros garbanzos y la sopa de la comida.
Y mientras apartamos los bordes del filete que no nos
gustan, miramos sin el más mínimo remordimiento cómo niños negros
desnutridos con la cabeza más grande que el cuerpo, con la marca de los huesos
en la piel y con moscas apelotonadas en sus labios mueren de hambre, y decimos,
pobre gente, que pena, pero intercalamos esas palabras con las de “ya no
quiero más, ¿qué hay de segundo?” Y seguimos contemplando impasibles como
niños enfermos con el cuerpo lleno de infecciones y moscas posándose sobre éstas,
con la saliva coagulada sobre la barbilla, reposan en las antihigiénicas
camillas del mal puesto hospital improvisado en mitad del pueblo destruido por
la guerra.
Nos muestran inundaciones, familias medio desnudas en mitad de un interminable campo de agua, con sus casas inundadas, sus animales muertos flotando a pocos metros. Nos enseñan el lado más duro de la vida mientras sin el más remoto sentimiento de compasión vemos a gente salir de una explosión con la sangre deslizándose por su cara, con los oídos reventados y con el grito en el cielo mientras con una mano se tapan lo que puede una simple oquedad o un ojo que ni ellos mismos saben si aun sigue ahí.
Oímos testimonios detallados de mujeres maltratadas, nos imaginamos las palizas y los golpes hasta la extenuación, somos capaces sin el más mínimo reparo de reproducir mentalmente los minutos de agonía de todas esas mujeres maltratadas por sus maridos, o humilladas y escupidas por desalmados mientras impotentes no pueden hacer otra cosa que intentar gritan entre el dolor físico y mental producido por la violación y el apaleo. O mujeres condenadas de por vida a una inhumana existencia bajo un manto de opresión, reprimidas y obligadas a servir el resto de sus días a los placeres de otro hombre.
Vemos impasibles morir a la gente en un accidente, en el suelo, con la cara posada sobre un charco de sangre, la boca y los ojos abiertos con la mirada perdida y las ruedas de un camión sobre su cuello deformando la figura de su cuerpo. Lo vemos, y en ocasiones hasta nos provoca un ligera y corta sensación de asco o pena, pero a los diez minutos volvemos para dejar los platos de la comida en la cocina y nuestra única preocupación vuelve a ser el que haya o no yogures azucarados para el postre, ya que hemos abierto uno de un sabor que no nos gustaba y lo acabábamos de tirar a la basura.
Nos han educado para ser insensibles, mi madre me dice que no, que es para ser duros, pero más bien creo lo primero, nos enseñan atentados de ETA, de grupos Islámicos Radicales terroristas, de psicópatas asesinos, violadores, y lo más que hacemos al respecto es encender el ordenador y jugar al GTA3 para matar, apalear, robar y atemorizar a personas, regocijándonos en su sufrimiento, que aun siendo un videojuego no real, nuestra imaginación nos reproduce virtualmente su dolor. Y disfrutamos con ello, haciendo el mal, nos parece divertido.
Muchos van de solidarios, de que ayudan al prójimo, que no soportan ver el sufrimiento, pero todos ellos por la noche duermen tranquilos, las catástrofes, asesinatos, accidentes, injurias y maltratos y toda un clase de barbaries que les muestran en las noticias no les quitan el sueño ni lo harán. No sentimos el dolor humano, la sensación de lástima, hasta que nosotros mismos somos las víctimas indirectas de dicha desgracia al ver a un familiar caer en un accidente o atentado.
Nos educan de una manera demasiado superficial, por mucho que nos las demos de sensibles y caritativos, el que otros mueran de hambre, maten, violen, vivan en la pobreza, enfermen, sufran, maltraten ... no nos va a provocar lástima e indignación más allá de unos minutos. Y eso no demuestra otra cosa que la desafortunada existencia y la inexistente solidaridad de la mayor parte de la raza humana.
Al igual que esta demagogia no aportará nada nuevo, nuestra reacción
ante estos eventos sanguinarios seguirá igual.
Lo único que podemos hacer es intentar concienciar a la gente, pues el que nosotros no nos terminemos las lentejas no va hacer que los muertos de hambre coman más, el que nosotros nos privemos de muchos postres tampoco, el que nosotros nos resintamos mucho y dejemos de dormir al ver una catástrofe o cualquier otro tipo de cosa aquí expuesta tampoco va hacer que ésta sea menos dolorosa.
Es posible que debido a las circunstancias y posición de nuestras vidas, nuestra pasiva reacción emocional sea la normal ante tales eventos, pero esto no quita que sea una reacción cruel.
Disfruten de la retórica del
tema.
En los medios de comunicación, en numerosas ocasiones han informado de
niños que han matado a sus padres ritualmente, imitando a personajes de Final
Fantasy.
De chicos que han muerto delante del ordenador de infarto provocado por jugar en
exceso al Counter Striker.
De sectas de amigos que han asesinado a gente por jugar a juegos de ROL.
Y a todo esto tengo que decir que la culpa nunca es de los videojuegos,
sino de la forma de determinadas personas de usarlos.
Los coches en sí no son peligrosos, pero si los conduce un loco que está muy
tonto y se cree un conductor de Carmaggedon, es peligroso, ¿por qué, por el
juego? NO, por el loco que lo juega.
Dremin 2002
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